Somos historias. Las que nos contamos a nosotros mismos para entender quiénes somos. Las que contamos a los demás para explicarnos. Y las que los demás cuentan sobre nosotros, incluso cuando no coinciden con nuestra versión. De esa construcción nace la identidad: un relato en constante movimiento, incompleto, compartido.
Por eso, para hablar de mi historia y de algunos momentos importantes del camino, me gustaría hacerlo a través de canciones.
La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía como
Izal
Atreverse no es no tener miedo, es decidir avanzar a pesar de él. No hace falta estar preparado al cien por cien para empezar; la perfección como requisito solo sirve para quedarse quieto. El proceso, con sus dudas y contradicciones, también forma parte del viaje y merece ser disfrutado.
Decidir hacia dónde va el foco es un acto de responsabilidad. No todo lo que suena alrededor merece atención. Los pensamientos intrusivos siempre estarán cerca, al acecho, pero uno puede elegir no perderse en ellos. Aprender a gestionarlos – no a eliminarlos – es una forma de cuidarse. Todo es ensayo y error. Nunca sabrás si algo es para ti si no te atreves a iniciar el camino. Volar no es hacerlo perfecto, es hacerlo posible.
Volar
Álvaro Soler
Esta canción forma parte de mi historia no porque yo lo eligiera, sino porque alguien que me conoce bastante bien me vio ahí antes de que yo supiera nombrarlo.
Volar, para otros, parece fácil. Como si fluir fuera natural, como si no hiciera falta pensarlo tanto. Volar es no preocuparse por ser igual, no compararse, no medir cada paso. Es imaginar, simplificar, avanzar ligero. A veces volar también es mirarse desde fuera y descubrir una versión de ti que no siempre coincide con la que habitas. Una forma de estar en el mundo que te describen con más calma de la que tú te permites.
Copilotos
Arde Bogotá
Y en este trayecto no voy solo. Copilotos son las personas más importantes de mi vida, las que se sientan a mi lado mientras conduzco y no necesitan llevar el volante para estar presentes. Son quienes me animan a pisar el acelerador cuando tengo miedo, quienes confían en el proceso incluso cuando yo estoy absorbido por los nervios. Miro a un lado y están tranquilos, seguros de que voy por el camino, aunque yo todavía dude. No cuestionan mis tiempos ni mis curvas. Son lugar seguro, valor prestado, cariño que empuja sin exigir. Gracias a ellos sigo hacia delante, porque a veces avanzar no es saber a dónde vas, sino saber que no vas solo.
Hasta la raíz
Natalia Lafourcade
Y todo termina – o empieza – en la raíz.
Esta canción nace tras la pérdida de un ser querido. Me recuerda que sigue presente en mi vida, que es raíz. Está en los pequeños gestos: en su forma de andar que ahora reconozco en la mía, en ese saludo peculiar que se quedó conmigo, en todo lo que me regalo sin saber que lo hacía. Hablar de dolor y no huir de él, porque huir sería perder también lo que queda. Ese dolor transforma la ausencia en una nueva presencia. Se convierte en gratitud, en significado, en una fuerza silenciosa que me acompaña. No está solo en el recuerdo: está en mi día a día. Y desde ahí, me sostiene.
La música es un recurso muy poderoso. Nos ayuda a crear puentes para no perdernos en ciertos recuerdos, a despertar recursos en nosotros mismos, a evocar momentos de superación, a conectar con otras personas, a regular nuestras emociones y a poner la atención en el presente.

